Diagnóstico.

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miércoles, 18 de junio de 2008

Dicotomía 1, el sueño como marco regulatorio para los sueños.








Gozo exactamente de dos horas restantes para dormir y después estudiar todo por lo cual pensamos y transportamos el pensamiento, las reacciones, las sensaciones, etc.

Cada letra que rasga el virgen color del fondo es un segundo muerto en mi carrera en contra del tiempo hasta el viernes al mediodía.

Los sueños en ánimos de revolución se abren paso al sueño, desafiantes, de una pieza, desbaratando el boliche institucional del único ( o el más repetitivo) camino para su existencia. Demandan que ellos quieren caminar en la lucidez, en el placer casi mundano del sendero cotidiano.
El Sueño arremete de vez en cuando con argumentos fuertes aunque conservadores sobre la balanza y el tiempo perdido, sobre el día hábil y su función, sobre formularios surreales e institucionalidades lunares, divaga en torno a su rol histórico de ojos cerrados y secretos húmedos.
Los sueños reivindican su independencia, más libertad se lee en sus pancartas, el derecho a la libertad de horario, ellos desean decidir cuando estar y cuando no, y que no sea el sueño quien maneje sus lugares.
El sueño haciendo uso de su poderío legal, y con argumentos de que los diálogos no se mantienen en estas condiciones, hace sonar al guatero para que los sueños vuelvan a sus labores. Últimas declaraciones dicen que habrá despidos masivos y los sueños coordinan prontas manifestaciones con acciones más radicales.

lunes, 16 de junio de 2008

No te espero mas te recibo.


Desafías tanto al aire que llora

como una sordera de espantapájaros reído,

Y de un piano melancólico el río cae boca abajo,

Seduce las notas a las rocas,

Leves soplidos que arrancan trocitos de amor endurecido.

De una de las dos cabezas de la esquizofrenia

graznan los pelícanos de David,

Es una brisa sobre mi mejilla tu andar nocturno

Un lene beso como rocamadour,

Desafiante y finito.

Te esperan las palabras que sostienen labios almidonados,

No! Me niego a despertar,

a soñar la noche de terciopelo azul.

A vivir gacelas, conocer estrellas y llamar desiertos.

Las migas que decoran el camino,

Al otro lado de la vista,

Te vienes de ingrávida a concreta

Se siente el palpitar en la cien.

Pienso: la vida camina en sombrero de copa y bastón por las calles de París.

Por eso llegas por lo mismo que rebasas el río.